lunes, 25 de enero de 2010

Danzantes giróvagos




 Dios no pudo establecer la posibilidad de su mejor conocimiento en función de un azar geográfico, racial, histórico o lingüístico. Nos dice J.A.Valente que hay  estructuras homogéneas en el fenómeno místico, cualesquiera que sean su latitud y tiempo.
    En el mundo musulmán la referencia es Ibn Arabi  de Murcia que vivió entre los siglos XII y XIII. Heterodoxo como Juan de la Cruz , o Teresa de Ávila, tuvo su misma pasión reformadora, inspiró el sufismo, un movimiento religioso que insiste en el amor y la solidaridad entre los hombres, la disolución del ser en la esencia divina y cósmica.
   En la mezquita se canta o recita “a capela”,no hay presencia de instrumentos musicales. Contemporáneo del Maestro Mateo y sus 24 músicos del Pórtico de la Gloria  es  un turco de adopción, Mevlana Rumí, el maestro sufí que introduce en el hecho religioso musulmán flautas, tambores y címbalos, o las danzas sagradas de los danzantes giróvagos.
En Estambul, en la calle Istitkal, se encuentra una de sus cofradías, orden o convento, la Association of Galata Mevlevi Temple .El espacio es un templo no el vestíbulo de la antigua estación de ferrocarril de Eminonü, un teatro en el extranjero, un pabellón de deportes. Un templo musulmán que no es mezquita, un edificio singular concebido para la música y la danza. El edificio es antiguo y pequeño, de forma octogonal su interior porticado está revestido de madera, sobria y elegantemente decorado. El aforo no es mayor de 200 personas.
  Alguien presenta el acto, pide que si se hacen fotos  no se utilice flash, no se haga ruido; solicitud que no respetarán los turistas occidentales. Enseguida deja  paso a una vigorosa orquesta de 25 músicos hombres y mujeres con instrumentos antiguos, jóvenes de rigurosa gala  que no sabemos si son estambulinos o canadienses. Tras su interpretación se van, aparecen en un pequeño palco donde se visten de derviches, los vemos ponerse mantos, faldas y gorros. Allí arriba se constituye una orquesta mas reducida.  Una parte de los músicos serán danzantes giróvagos.
   La sangre, los electrones, el sistema solar; todo es giro en el universo. La danza de los derviches representa el movimiento de los planetas; y es parte de un ritual, el Sema, en el que tiene un papel destacado el Cheibh, el  maestro que lo dirige. Cuando el baile va a empezar, a él uno a uno se acercan los derviches; tras saludarse con una grave inclinación de cabeza, es como si alguien soltara a un pájaro que tiene entre sus manos, reciben autorización e  impulso, son libres, vuelan. Pronto abren sus brazos con la mano derecha extendida  hacia el suelo y la izquierda hacia el cielo, “todo lo que toman de Dios lo entregan a los hombres”. Pronto el escenario se llena de danza circular y giro, una  coreografía solemne y elegante, un baile ordenado y armónico, un movimiento propio de espacios cósmicos sin gravedad. Un gran esfuerzo físico de los danzantes. En la extenuación y en el mareo del giro se crea un estado de bondad y armonía corporal, una experiencia del límite y  del vacío, del trance místico.     
          Al final, extenuados y temblorosos, los derviches salen de la danza. Pasan el difícil  primer momento de dejar de  ser planeta que gira. Frágiles y  desorientados buscan  a otros en que apoyarse, se dejan ir hacia la línea exterior del escenario. Allí, a nuestro lado, deben recomponerse.





viernes, 22 de enero de 2010

Claudio Magrís y el asedio de Viena




    Con Solimán el Magnífico el Imperio Otomano alcanzó su cenit de poder y esplendor. Quién conquistó Belgrado y puso cerco a Viena, fue además un gran legislador, hábil estratega militar, fino poeta, buen calígrafo y experto joyero, hombre políglota  y amante fiel de su esposa Roxelana hasta el fin de su vida. En uno de sus versos dedicado a la luna, dice que tiene rostro de mujer, que la mira desde su balcón, “girar y girar como los derviches del templo que ungen a los sultanes cuando depositan el suspiro del pueblo sobre sus hombros para reinar”.
   En 1983 en su viaje por el Danubio, llega Claudio Magrís a Viena y se celebra el tricentenario del asedio turco con muchas  exposiciones y actos. En la exposición central se ha recreado el pabellón del Gran Visir Kara Mustafá, el comandante del ejército otomano derrotado por las tropas imperiales de Carlos de Lorena y de rey polaco Juan Sobieski. Entre las veinticinco mil tiendas de su ejército, Kara Mustafá, dispuso baños y fuentes, tiendas para mil quinientas concubinas y varios cientos de eunucos negros.
   La exposición “no quiere enfrentar a vencedores y vencidos y mucho menos a civilización y barbarie, sino sugerir el sentido de la vanidad de la victoria y de la derrota, que se prosiguen e intercambian sus papeles en todos los pueblos. Un visitante occidental puede considerar una fortuna la victoria de aquel 12 de Septiembre que salvó a Viena y a Europa, sin sentirse heredero únicamente de las espadas cristianas y la cruz empuñada por los grandes predicadores que incitaban a defender la fe”. Puede sentirse heredero de una historia unitaria y conflictiva.
    La exposición quiere ser explícitamente diferente de otros aniversarios anteriores. En 1933  Dollfuss exaltaba la derrota turca como bandera de su catolicismo corporativo y autoritario Años después, en un broche conmemorativo nacionalsocialista, la bandera de los turcos derrotados  llevaba, en lugar de la media luna, la estrella de David; los turcos se  identifican con los enemigos, que son ahora los judíos. Durante la Primera Guerra Mundial, cuando el imperio Hagsburgo y el otomano eran aliados, la prensa y los carteles austriacos exaltaban la fraternidad de armas con sus antiguos enemigos.

    En Estambul, en el recinto de la Gran Mezquita de Solimán el Magnífico, obra de Sinán,  están el mausoleo del poderoso rival de Carlos V, y el de   Roxelana, su muy inteligente y hermosa esposa circasiana.
      A la belleza de las mujeres circasianas, se refiere Claudio Magrís, al llegar a Bulgaria, casi al final de su viaje danubiano:”La proverbial belleza de las mujeres no es negada por los bulgarófilos, pero se destaca su aspecto de sensualidad excitante y casi degradante, cuerpos salvajes y dominadores sobre yacijas de pieles más o menos sucias”.A mediados del siglo XIX el zar ruso acabó con la legendaria libertad de este pueblo del Mar Negro; su dramático éxodo encontró  refugio en Bulgaria, entonces otomana.  Algo mas tarde, su gratitud hacia Turquía le creó enemistades  en un país movilizado por la independencia, y muchas veces la iconografía de la época presenta a los circasianos como un pueblo  “salvaje, bandido, ladrón de caballos, inepto para el trabajo, un perro guardián de los turcos”.





lunes, 11 de enero de 2010

Estambul.Eminönü


Istiklal




En Estambul, se llama  Cuerno de Oro  al largo entrante a modo de canal o estrecha ría  que provoca el Bósforo; siempre en el continente europeo. En algún mapa lo que tendría forma de cuerno, de cuerno de reinoceronte, es el saliente terrestre, la península donde se ubica el corazón de la ciudad

  Otra posibilidad es que el nombre no lo provoque un parecido físico , y se refiera al Cuerno de la Abundancia. El vellocino que ahora no es un  objeto sino un territorio y su posición, un feliz emplazamiento.            

   Hasta el primer cuarto del siglo XX la ciudad propiamente dicha se componía de dos grandes barrios  construidos en ambas orillas del Cuerno de Oro. El barrio de la orilla derecha, con sus cúpulas y minaretes, era la ciudad musulmana. El barrio de Pera y Beyoglu, situado en la orilla izquierda, era un barrio europeo. El Cuerno de Oro, y el puente del Gálata que lo cruza, fue mucho tiempo una frontera entre dos mundos.

       La ciudad es de carácter muy marítimo y sus  sub-ciudades se extienden por Europa y Asia. El  litoral urbano tiene la longitud  de una ría gallega. La ciudad fue creciendo y hoy es una metrópoli de mas de  diez millones de habitantes. 



       En Eminönü, al lado del puente del Gálata,  está la Central Marítima, su ajetreo de personas, embarcaciones, autobuses, taxis. De allí salen continuamente lanchas de viajeros que cruzan el Bósforo, que van a Besiktas, a Uskudar, a Kadikoy. Aunque solo sea llegar y dar vuelta, es inexcusable  darse un paseo en barco. El precio es  un millón de liras turcas, un “million”, casi exactamente cien pesetas.  Si multiplicamos por treinta o una cifra similar, el número de lanchas y de líneas marítimas, la gente que circula, las actividades que se desarrollan, el puerto de Eminonü se parecería a la  estación marítima de Vigo. Estambul tiene carácter oceánico, el Mediterraneo penetra con mucho  caudal por los Dardanelos; el Mármara es enorme, en el sobresalen las Islas de los Príncipes, montañas como las Cíes que emergen del agua.

    Desde mar adentro penetra  el  Mármara y el Bósforo, el viento y el salitre, las grandes masas de agua que se mueven en la profundidad. En el Puente del Gálata decenas de pescadores aficionados pescan con caña, en Eminonü hay puestos donde, abiertos a la mitad, se asan  xurelos frescos de tamaño medio, metidos en pan constituyen un rico, informal y muy popular bocadillo