miércoles, 18 de noviembre de 2009

La astucia de Belisario


2009

 
       Formidable  la belleza de la mezquita de Córdoba, construida antes del primer románico; pero es preciso constatar  la mayor antigüedad de Santa Sofía  de Constantinopla , construida en tiempos de  Justiniano, por Isidoro de Mileto y Antemio de Tralles.  Diez siglos después del Partenón se construye Santa Sofía, su cúpula de gran tamaño y luminosidad, su apariencia de ingravidez: solo se apoya  en  cuatro puntos que  sujetan una serie de medias cúpulas sobre pilares.
       Cuando en el año 527 Justiniano es nombrado emperador del Imperio Romano de Oriente, el occidente y el centro de Europa han caído en poder de los bárbaros.  El Imperio de Oriente está también amenazado: Los bárbaros penetran por el Danubio, llegan hasta Grecia por el Adriático. En el frente interno hay luchas intestinas entre los verdes y los azules, facciones rivales del hipódromo. Violentas controversias religiosas.
    Pero Oriente habla y escribe  griego, se conserva aún la cultura greco-latina; el Conde Belisario, el general romano-bizantino que reconquista Rávena y Cartago, que entra en Roma, tendrá un secretario culto, el griego-sirio Procopio de Cesarea. Sus escritos sobre las  campañas militares y la vida privada de Belisario, son fuente para la novela sobre él  escrita por Robert Graves.
   En ella hay un narrador, Eugenio el Eunuco, un servidor personal de Antonina, la mujer de Belisario; que a los seis años fue vendido como esclavo a un mercader sirio, llamado Barak, que traficaba con reliquias cristianas falsas. Un verano, Barak se dirige a Constantinopla con la idea de  vender a unos monjes  el  diván donde Jesús se había reclinado en la última cena.  Había fraguado un documento  del patriarca de Alejandría que presentaba como certificado de autenticidad. Descubierto el engaño Barak, que no deseaba que le azotaran y mutilaran como prescribía la ley, huyó;  y Eugenio pasó a ser propiedad de un auriga del Hipódromo, el padre de Antonina, que lo regaló a su hija.
   El relato empieza cuando Belisario tiene siete años, y su madre lo manda a estudiar a Adrianápolis, la actual Edirne.  El joven es acompañado por un muchacho armenio de su misma edad; por Paleólogo su preceptor griego; y por dos  esclavos tracios.  En el viaje, consiente  Paleólogo que los jóvenes vayan de caza y el grupo llegará con una liebre a la fonda que regenta sola una mujer que no sabe cocinar. El maestro Paleólogo, y los esclavos se procuran el vino, se prestan a la cocina. En la larga preparación de la caza diserta Paleólogo sobre la astucia de Ulises.
 Cuando la comida está a punto llega una tropa de matones armados acaudillada por el terrateniente Juan de Capadocia; secuestradores de un aterrorizado recaudador, Simón el Burgués. Con engaño  y traición los atacan, los atan. Se van a comer su liebre.
   De forma impecable, Belisario desarrolla un plan que tiene éxito. Ahí nace el general que reorganizará el ejército romano-bizantino.
   Los matones atan al maestro, al niño armenio que es muy corpulento y a  los esclavos, pero liberan A Belisario que se ofrece para ayudar en la cocina. El niño les da de comer, logra emborracharlos. Arroja  pimienta a los ojos de los  cíclopes; desata a sus compañeros ya prevenidos. Rápidamente dan vuelta a la situación. Han perdido la liebre, pero al día siguiente entregarán  a la justicia a Juan de Capadocia y sus esbirros.                               
                                        





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