domingo, 2 de diciembre de 2007

El corazón de las tinieblas

       El corazón de las tinieblas

  En su día no tuve noticias de “Los fantasmas del rey Leopoldo”; un libro de Adam Hochschild  publicado por editorial Península en el año 2002 , que, como dice su editor,  trata de la codicia, el terror y el heroísmo  en el Congo belga  colonial.
  En la introducción , nos cuenta el autor , que cruzando en avión los Estados Unidos,  en un libro que casualmente estaba leyendo; descubrió  a pié de página una cita de Mark Twain ; escrita  “cuando formaba parte del movimiento internacional contra el trabajo esclavo en el Congo, una práctica que había costado de cinco a ocho millones de vidas”.   
    Adam Hochschild que nació en Nueva York en 1942,  que ha escrito libros y artículos, y  es profesor de periodismo en Berkeley;  llevaba veinte años  escribiendo sobre derechos humanos y había viajado media docena de veces a Africa, Había estado en el Congo en el año 1961, poco después del asesinato de Patricio Lumumba (en un piso de Leopoldville conoció a un agente de la CIA, borracho y charlatán , que se sorprendía  de que él no compartiera su alegría por la muerte del líder africano ). Hochschild  había viajado y leído pero nada sabía ni de millones de víctimas, ni de  un movimiento  transoceánico  de derechos humanos de aquella época. Las estadísticas sobre asesinatos masivos suelen ser difíciles de probar, pero aún considerando la mitad de la cifra resultaba que el Congo podía haber sido  “uno de los mayores campos de muerte  de la edad contemporánea”. En la edición española  del libro de Hochschild se incluye  un prólogo de  Mario Vargas Llosa, que empieza diciendo que es una gran injusticia histórica que Leopoldo, “que murió en el año 1909”, no figure con Hitler y Stalin, entre los políticos mas sanguinarios del siglo XX. No me altera a mi la  equiparación de Hitler y Stalin, aunque, siguiendo a Primo Levi, preferiría poner a Stalin y el Gulag, en un escalón inmediatamente inferior al de Hitler.

 Al principio, casi todo el mundo en Europa y en Norteamérica creía que la misión del rey Leopoldo II en África, era noble y civilizadora. Stanley,  había encontrado a Levingstone, había cruzado África de Este a Oeste. En todas partes se hablaba  de ese continente y la explotación de sus recursos inagotables.
     Joseph Conrad  con 32 años, pensó que en alguno de los barcos de vapor que estaban empezando a navegar  el río Congo, un marino sin trabajo podría hacer fortuna. Pronto descubrió la situación tenebrosa  que recreará en  su novela. Un  infierno y  personajes reales  como un  tal capitán Rom, un  agente colonial  que, como  Kurtz,  tenía su cabaña cercada por calaveras de nativos clavadas en estacas; pero el gran símbolo de la crueldad de aquel reinado de Leopoldo fueron los pies y manos que en gran número se amputaron. Tras las razzias en los poblados y la represión de las  sublevaciones o motines,  los soldados coloniales mutilaban a muertos y rehenes, cortaban manos y pies de negros, trofeos  que entregaban  a los jefes blancos para contabilizar su número y contrastarlo con  la munición gastada.  En tradiciones tribales posteriores se cuenta como los negros, que no conocían las latas de conserva, creían que lo que los blancos sacaban de ellas y comían , estaba hecho con pies y manos de negros.
     En la gran batalla internacional por la Reforma en el Congo, tuvieron importancia  hombres como el belga  Edmund D. Morel o el irlandés Roger Casament, cuyas apasionantes  biografías se trazan con emoción en el libro de Hochschild.  También  participaron activamente Mark Twain y A. Conan Doyle.
 Nadie podía  no ver lo que estaban pasando;  entre  las primeras denuncias de personas que estuvieron sobre el terreno, están las de dos americanos de raza negra ; el periodista e historiador G.W.Williams , y  el reverendo William Sheppardd .Abolida la esclavitud a mediados del siglo XIX, algunas iglesias protestantes  permitieron que pastores negros fueran al Congo de misioneros. Una coyuntura favoreció tal posibilidad: algunos políticos del Sur lanzaron la idea de que los negros americanos debían volver a Africa, a Liberia; gente importante daba dinero para acciones que pudieran favorecer su deseo de retornar al origen.
    El  libro de Hochschild empieza con el descubrimiento del río Congo por el portugués Diego  Cao, en 1482,  con el comercio de esclavos y su  aumento espectacular a partir del descubrimiento de América. Surge entonces un  jefe de tribu de nombre Nzinga Mbemba , que se hace llamar rey Alfonso I ,que aprende el portugués y se convierte al catolicismo, que reinará cuarenta años y escribirá cartas conmovedoras al rey de Portugal y al Papa pidiendo justicia para sus súbditos: era incapaz siquiera de proteger a sus familiares de ser raptados  y vendidos como esclavos.

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