miércoles, 5 de diciembre de 2007

Viajar a Marruecos




     De viajes y noticias; de  imágenes fotográficas y de un puñado de  libros se nutre mi amistad hacia Marruecos, territorio distinto y vecino. Fantástico país  y muy pobre en relación al nuestro.
     Libros de  Fatima Mernissi ,Ben Jelloum o  Mohamed Choukri, comparten apartado fisico y sentimental -dentro del conjunto de mis libros-, con la obra  mas marroquí de  Paul Bowles y Juan Goitisolo, con “Las Voces de Marrquech” de Elías Canetti, con  “Tánger et autres Marocs” de Daniel Rondeau, con “Incidencias” de Roland Barthes, con “La piedra y el centro” de J.A. Valente y su  poema  sobre la plaza Xma-el-Fna;  con los viajes de Alí Bey y Charles de Foucauld, con Gilles Perrault. Con fotos de atletas de semifondo y de futbolistas marroquís, de Abd-el-Krim, de Ben Barka, de Mohamed V. Con libros de  autores a los que llegué por curiosidad inducida desde Marruecos: el Nobel egipcio Naghib Mhafuz, el libanés Amín Maalouf, los británicos  Tarik Alí y Salman Rushdie, el turco Orhan Pamuk, el palestino E.Said, el israelí Amos Oz
       Dos ciudades marroquís son especialmente literarias. Una es Marrakech, otra es Tánger. Tánger constituye  una unidad  potente a la que pertenecen  Matisse, Paul Bowles y Angel Vazquez . Desde el Tratado de Algeciras en 1906  hasta la independencia de Marruecos, en 1956, el singular mundo que constituyó el Tánger internacional, existía en una ciudad en la que el español era la lengua de su mas importante comunidad. Vivían en Tánger mas españoles que franceses, italianos, ingleses,  portugueses, alemanes o rusos; y además hablaba español  su importante comunidad judía. Tal vez sea en los cementerios de Tánger donde más fácilmente podemos encontrar un eco de aquel tiempo. En Tánger existe un pequeño y famoso  cementerio anglicano que depende de la diócesis de Gibraltar: Hay también un viejo cementerio judio en el casco antiguo. Y el gran e internacional cementerio católico que regenta la orden franciscana y su obispado solo dependiente de Roma.      .
         La importancia histórica de Marrakech es antigua; del AntiAtlas cercano   proceden las dinastías de los califas mas importantes de Córdoba. Marraquech por su tamaño es una ciudad grande, quizás mayor que Sevilla, pero no tiene un gran río como el Guadalquivir. Marrakech en algo se parece a Granada pues  también se ven altos picos nevados a lo lejos. El Gran Atlas.    
  En  Marrakech, escribe el portugués Eugenio de Andrade en un pequeño poema en prosa del año 1984, lo primero que sorprende es su olor a caballos. “Era uma cidade ao sul. O que primeiro surpreendía era o seu cheiro a cavalos. Um cheiro bom, que nao tardava a misturar-se com outros mais leves a barro, a sol y a hortelà”. A hortelà que es el nombre portugués de la hierbabuena.
   En Marrakech no hay nada parecido a la mezquita de Córdoba o a la Alhambra, pero está la Koutubía,gemela de la giralda;  están “les remparts”, está la Plaza Xma-el-Fna: “As ruas desembocavam todas na praça, uma praça do tamanho do mundo. A vida alí fervía, sobretodo quando a tarde começava a minguar”

      En el Tratado de Algeciras España y Francia se repartieron Marruecos. En “Desierto”,un libro de Le Clezio, se cuentan episodios de la campaña militar francesa , muy especialmente  el drama de los refugiados del Tafilalet y el Sahara que llegan a Marrakech huyendo de los franceses. O la  batalla final  de Agadir, el combate desigual  entre un ejército moderno  y otro armado con espingardas, los cañones de los barcos contra la ciudad y su kasba, las ametralladoras contra  la caballería mora.

     Orwell en un artículo del año 37, desde Marrakech comenta y describe un  desfile de tropas coloniales senegalesas. Orwell , hipercrítico con el colonialismo inglés, venía de Barcelona y la represión stalinista del POUM. Francia estaba movilizada, alerta ante la Alemania nazi ; pero quien imaginaría entonces el pacto germano-soviético, la fragilidad de la línea Maginot, la entrada de Hitler en París, que esas tropas senegalesas con mandos franceses tardarían mucho en ponerse al lado de De Gaulle
          Sobre las Guerras de Africa que llenan el espacio dedicado en España al capítulo bélico- una vez que  Cuba y Filipinas se independizan-; sobre las guerras de África que preludian el alzamiento de Franco y la Guerra Civil; dos libros magníficos son  “Imán” de R.J. Sénder y las “Crónicas de Marruecos”de Ben-Cho-Sey; Del segundo hay una edición en Sotelo Blanco con prologo muy bueno y pacifista de C.J.Cela.
    Es bastante difícil recorrer Tetuán o Larache, subir por el Rif hasta Xauen y Alhucemas, sin pensar en aquella sangría. Además de la crónica de la guerra que hace un joven periodista y  recluta orensano que en ella está participando, en  las crónicas de X.R.Fernandez Oxea hay  otras muchas historias; y entre ellas la que transcurre en un remoto zoco rifeño. Como en otros lugares inesperados del mundo, también allí aparece un gallego. Un pobre campesino de Orense que había sido hecho prisionero de Abd-el-Krim: milagrosamente salva la vida y se casa; decide no volver nunca, ahora está casado, tiene hijos, es un campesino rifeño, nada le espera en su tierra que no sea malvivir. 
   Sobre la Guerra Civil española y Africa, hay dos formidables libros  el “Abrazo mortal” de Sebastián Balfour, y “Los moros que trajo Franco” de Mª Rosa de Madariaga.


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