martes, 24 de abril de 2007

Galata Mevlevi Temple.2003









Dios no pudo establecer la posibilidad de su mejor conocimiento en función de un azar geográfico, racial, histórico o lingüístico. Nos dice J.A.Valente que hay estructuras homogéneas en el fenómeno místico, cualesquiera que sean su latitud y tiempo.
En el mundo musulmán la referencia es Ibn Arabi de Murcia que vivió entre los siglos XII y XIII. Heterodoxo como Juan de la Cruz , o Teresa de Ávila, tuvo su misma pasión reformadora, inspiró el sufismo, un movimiento religioso que insiste en el amor y la solidaridad entre los hombres, la disolución del ser en la esencia divina y cósmica.
En la mezquita se canta o recita “a capela”,no hay presencia de instrumentos musicales. Contemporáneo del Maestro Mateo y sus 24 músicos del Pórtico de la Gloria es un turco de adopción, Mevlana Rumí, el maestro sufí que introduce en el hecho religioso musulmán flautas, tambores y címbalos, o las danzas sagradas de los danzantes giróvagos.
En Estambul, en la calle Istitkal, se encuentra una de sus cofradías, orden o convento, la Association of Galata Mevlevi Temple .El espacio es un templo no el vestíbulo de la antigua estación de ferrocarril de Eminonü, un teatro en el extranjero, un pabellón de deportes. Un templo musulmán que no es mezquita, un edificio singular concebido para la música y la danza. El edificio es antiguo y pequeño, de forma octogonal su interior porticado está revestido de madera, sobria y elegantemente decorado. El aforo no es mayor de 200 personas.
Alguien presenta el acto, pide que si se hacen fotos no se utilice flash, no se haga ruido; solicitud que no respetarán los turistas occidentales. Enseguida deja paso a una vigorosa orquesta de 25 músicos hombres y mujeres con instrumentos antiguos, jóvenes de rigurosa gala que no sabemos si son estambulinos o canadienses. Tras su interpretación se van, aparecen en un pequeño palco donde se visten de derviches, los vemos ponerse mantos, faldas y gorros. Allí arriba se constituye una orquesta mas reducida. Una parte de los músicos serán danzantes giróvagos.
La sangre, los electrones, el sistema solar; todo es giro en el universo. La danza de los derviches representa el movimiento de los planetas; y es parte de un ritual, el Sema, en el que tiene un papel destacado el Cheibh, el maestro que lo dirige. Cuando el baile va a empezar, a él uno a uno se acercan los derviches; tras saludarse con una grave inclinación de cabeza, es como si alguien soltara a un pájaro que tiene entre sus manos, reciben autorización e impulso, son libres, vuelan. Pronto abren sus brazos con la mano derecha extendida hacia el suelo y la izquierda hacia el cielo, “todo lo que toman de Dios lo entregan a los hombres”. Pronto el escenario se llena de danza circular y giro, una coreografía solemne y elegante, un baile ordenado y armónico, un movimiento propio de espacios cósmicos sin gravedad. Un gran esfuerzo físico de los danzantes. En la extenuación y en el mareo del giro se crea un estado de bondad y armonía corporal, una experiencia del límite y del vacío, del trance místico.
Al final, extenuados y temblorosos, los derviches salen de la danza. Pasan el difícil primer momento de dejar de ser planeta que gira. Frágiles y desorientados buscan a otros en que apoyarse, se dejan ir hacia la línea exterior del escenario. Allí, a nuestro lado, deben recomponerse.

2 comentarios:

Leopoldo dijo...

Me ha emocionado este comentario sobre la danza de los derviches, sobre los vestigios del sufismo, sobre el lugar de Estambul donde perviven estas señas, señales para mí ahora..
Gracias

Marosa dijo...

Vaig veure la dansa dels derviches en un poblet perdxut de la Capadòcia i cada vegada que hi penso se'm posa la pell de gallina. El pròxim mes d'abril torno a Estambul, per segona vegada i no serà la ultima. Miraré d'anar al temple Mevlevi a veure di aconsegueixo tornat a veure girar els derviches. M'ha agradat molt el teu blog.