domingo, 18 de marzo de 2007

Rutas marroquís. 1995


En la competencia de las compañías de transporte, se vocean lineas y destinos, urgencias de salidas : !Agadir! !Agadir! ¡ Casa! ¡Ouarzazate! : En los hangares de la estación de autobuses, mas que cámara fotográfica interesaría una grabadora de sonidos.
Tal vez en autocar de linea regular viajar al Sur, atravesar el Gran Atlas. Precipicios muy considerables se suceden durante al menos treinta kilómetros, con apenas vallas, siquiera psicológicas, de defensa; desde la perspectiva de vértigo que da la altura muy alta del asiento. Alivio final cuando la señal de relajo en el chófer formidable, en su tripulación y ayudante indica que el vehículo enfila ya un tramo donde la montaña es mas baja y se intuye la llanura.
Existe la C.T.M.,de primera clase con reserva de asiento; pero el billete debe obtenerse con 24 horas de antelación. Cuando en un andar más azaroso aparece imperiosa la necesidad de moverse, acudir a la gare routiére; a todas horas salen autobuses. Dentro de pautas propias y precarias, su condición y estado varía. En los límites inferiores el billete no está numerado; ni sol o sombra, pasillo o ventanilla.
Suele ser larga la espera hasta la salida definitiva; el continuo subir de niños, vendedores ambulantes que pregonan sus productos; de ciegos y mendigos que entonan letanías y discursos, de músicos muy rústicos. Pero nadie acosará aquí dentro al forastero.
A nuestro lado transcurren conversaciones, pero el impenetrable idioma del país, ha adquirido una cierta transparencia: expresividad fonética, inusual fuerza expresiva de manos y gestos. Fuera de la excesiva concreción verbal adquiere importancia la relación singular de las personas con los objetos, con los lugares; de los cuerpos entre si. Amabilidad hacia el forastero. Alguien nos ofrece dátiles; invitamos a cigarrillos.
Los autobuses hacen muchas paradas durante el trayecto; incluido en la carretera, a personas aisladas. Cerca del destino, el autobús se va llenando poco a poco:
Entrar en Casablanca con la baca llena de bultos y la lona que los cubre. En el pasillo gente, una mujer con una gallina. También personas abarrotadas alrededor del chofer y el motor.En una parada el revisor subirá por la escalera a un macho cabrío; a un par de moutons. Buñuel mexicano por las grandes avenidas.

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